Guía completa
Antes de cambiar el alternador, confirmamos que es él
El testigo de batería encendido con el motor en marcha genera una conclusión rápida: “se ha roto el alternador”. A veces es así, pero no siempre. Antes de presupuestar una sustitución, hacemos un test de carga real: medimos el voltaje que entrega el alternador con el motor encendido, con y sin consumos activados (luces, climatizador, luneta térmica), y comprobamos que se mantenga estable dentro del rango que marca el fabricante. Si el dato es normal, el problema está en otro sitio — batería envejecida, correa que patina, conexión con corrosión — y no hace falta tocar el alternador.
Reparar o sustituir
En bastantes modelos el fallo no está en el conjunto completo, sino en dos piezas concretas que se desgastan antes que el resto: las escobillas de carbón, que hacen contacto eléctrico girando, y el regulador de tensión, que controla cuánta corriente entrega. Cuando el fallo está ahí, sustituir solo esa pieza es bastante más económico que cambiar el alternador entero. Cuando el problema está en el rotor, el estátor o los rodamientos internos, ya no compensa reparar.
La correa, la parte que se olvida
El alternador se mueve por una correa auxiliar tensada por un rodillo tensor. Si esa correa está desgastada, agrietada o mal tensada, el alternador gira de forma irregular y no carga bien aunque esté sano — y con el tiempo, el desgaste anómalo acaba dañando el propio alternador. Por eso, cada vez que revisamos el sistema de carga, comprobamos también el estado de la correa y del tensor, no solo la pieza que da el síntoma.
Si el testigo de batería se ha encendido o notas que las luces bajan de intensidad al ralentí, escríbenos al 641 16 17 71: con el test de carga sabemos en pocos minutos si el problema es del alternador, de la batería o de la correa.